Los cimientos de la catequesis

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Los cimientos de la catequesis

Con frecuencia las personas que acceden a la catequesis carecen de una vivencia mínima de vida cristiana en familia o están al margen de las actividades de servicio de la comunidad y, en consecuencia, necesitan una verdadera conversión.

Siguiendo con la lectura del libro “Repensar la catequesis” de Álvaro Ginel, quiero detenerme en una afirmación que en estos tiempos nos interpela de modo especial: “La catequesis solo se sustenta y entiende sobre la base de un cimiento previo de primer anuncio” (p. 148).
El mismo Directorio General para la Catequesis reconoce que las fronteras entre el primer anuncio y la catequesis no son tan fácilmente delimitables porque con frecuencia las personas que acceden a la catequesis necesitan de hecho una verdadera conversión. En efecto, carecen del soporte de una vivencia mínima de vida cristiana en familia o están al margen de las actividades de servicio de la comunidad y de sus ritos (p. 151).
Esta consideración se traduce en el hecho de que la catequesis debe ser al mismo tiempo un proceso evangelizador. De todas maneras llama la atención, y el mismo Ginel lo subraya, que el documento “ponga como cimiento de la renovación de la catequesis la consolidación de la etapa previa a la misma”, puesto que “renovar la catequesis depende de una buena pre-catequesis” (p. 149).
¿A qué nos referimos, en concreto, con una etapa previa a la catequesis? Estamos diciendo que antes de la catequesis debe darse un período, sin límite de tiempo, con contenidos y metodología propios, cuya finalidad sea ayudar a pensar, a entrar en uno mismo, a plantearse preguntas sobre Jesús y la novedad de su Evangelio. Se trata de una etapa “cuya prioridad está en cimentar el edificio de la persona y en despertar en ella el murmullo de Dios que todos podemos oír y seguir” (p. 150).
En definitiva, se deben crear espacios, tiempos y grupos en los que se suscite, despierte y proponga el Evangelio, el seguimiento de Jesús y la vida cristiana (p. 151).
¿Cómo llevar a cabo este proceso previo a la catequesis propiamente dicha, dedicada “luego” a una ulterior profundización de lo descubierto en la pre-catequesis? El autor propone iniciativas como el seguimiento personalizado de cada catequizando, diálogos grupales, partir de la lectura de un libro, debatir sobre temas que generen interrogantes vitales, brindar información cultural básica sobre el cristianismo, aunque “la realidad de posibilidades de respuesta que tenga cada comunidad será uno de los indicadores elementales para hacer ofertas oportunas” (p. 152).
Creo que es crucial que afrontemos este desafío, que no es más que empeñarnos en construir sólidamente los cimientos de la fe. Es hora de profundidades y sinceramientos. ■

Dr. Mónica Moore
Especial para Encuentro

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