La naturalización de la violencia en los adolescentes

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La naturalización de la violencia  en los adolescentes

Impresiona que nuestros adolescentes crean que la agresión se relaciona solo con la violencia física y que minimicen los malos tratos entre ellos, tales como los insultos o sobrenombres ofensivos, ya sea cara a cara o a través de mensajes inadecuados en sus redes sociales

Ya el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, planteaba que el ser humano nace con dos pulsiones básicas en constante conflicto, las de vida y las de muerte; el desafío durante el crecimiento será aprender a regular los impulsos para así madurar las emociones y constituirse en una persona asertiva. En este sentido, la psicoterapia cognitiva nos señala que la construcción de significados que cada individuo realice influirá sobre la manera de parase y a propinarse de la realidad. Este itinerario empieza desde la gestación interviniendo numerosos factores:  lo genético, ambiental, familiar, lo personal.
Retomando los conceptos mencionados, preocupa ver la naturalización de la violencia que vivimos en nuestra sociedad. Impresiona que nuestros adolescentes crean que la agresión se relaciona sólo con la violencia física y que minimicen los malos tratos entre ellos, tales como los insultos o sobrenombres ofensivos, ya sea cara a cara o a través de mensajes inadecuados en sus redes sociales. Todo esto denuncia la falta de empatía y la carencia de habilidad social para comunicarse. Entonces nos encontramos con jóvenes que se humillan constantemente sin importar la subjetividad del otro, porque nuestra cultura de consumo enseña la objetivación y cosificación del otro. Y esto no es casualidad, nos encontramos con numerosos adultos inestables en su afectividad, adoleciendo como sus hijos de la capacidad de resolver los problemas de una manera asertiva e incluso, en muchos casos obturando la posibilidad del joven para iniciarse en la práctica de comportamientos autónomos y adecuados.
Lo anteriormente citado, se hace más evidente cuando los vemos en sus ámbitos escolares, que es su lugar de desempeño cotidiano, precipitándose un sinfín de quejas sobre la violencia escolar o bullying que se vive en muchas aulas.
La propuesta es salir de nuestro egocentrismo, para mirar con amor la realidad del otro, que, aunque la desconozcamos se merece nuestra atención y cuidado. Salir de la indiferencia en la que estamos dormidos para entender que el cambio es posible y empieza por cada uno.
Para favorecer el desarrollo de habilidades de comunicación será conveniente ayudarlos a reflexionar básicamente sobre como a ellos les gusta ser tratados y como no, de manera que comiencen a experimentar la intención de ponerse en el lugar del otro, ganado así empatía. Seguidamente, insistir en algo tan conocido como: que el derecho de cada uno termina cuando empieza el derecho del otro; así podemos expresar nuestras opiniones, necesidades y gustos, pero siempre respetando a los demás como personas… Prontamente entenderán que el que grita más alto no es el que tiene más razón o el que será más escuchado. Del mismo modo, será conveniente continuar el camino de fortalecimiento de sus estimas personales, destacando sus capacidades y cualidades, brindando alternativas de comportamientos para solucionar sus problemas. Finalmente, generar espacios frecuentes de diálogo y contención fomentará la confianza mutua y la de ellos consigo mismos.

Pidamos al Señor que nos guíe a los adultos para que seamos mejores testimonios de vida para nuestros pequeños y que salgamos al encuentro de nuestros semejantes con tolerancia, paciencia y mucho amor. ■

Lic. Alejandra Mottola
Especial para Encuentro

Cantidad de Artículos : 533

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