La adolescencia, un tiempo de oportunidades

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La adolescencia, un tiempo de oportunidades

El papa Francisco insiste en que “la adolescencia no es una enfermedad que debemos combatir” sino parte del crecimiento natural de la vida. En esta edición del periódico Encuentro proponemos volver la mirada hacia esos años de deslumbramiento y expetativa para descubrir en ellos una fuerza que nos llena de vida a todos.

La primavera es, sin dudas, un sinónimo de la juventud. Por esa razón, este mes quisimos rescatar todo lo bueno y valioso que nos regalan los adolescentes día a día.
Generalmente, los adolescentes no son noticia por sus virtudes cotidianas, por el contrario, a menudo, son ocasión de queja, sinónimo de tragedia o dolores de cabeza para los adultos.
Lamentablemente, solemos no entenderlos, criticarlos y rotularlos. Quizás eso nos hace sentir más tranquilos y nos permite tomar distancia de ellos, excusándonos para no comprometernos con lo que viven, con los desafíos que enfrentan en el mundo actual. También es cierto que sería equivocado no reconocer que son muchos los adolescentes que están solos, heridos y confundidos…
En esta nota proponemos detener la mirada en los muchos que son luz, en esos que se comprometen, que luchan por ideales y por sus sueños. Aquellos que enfrentan con valentía esta etapa, que es un volver a construirse como personas. Ellos no son noticia, pero sí testimonio para otros. Ellos nos permiten afirmar que la adolescencia no es un problema, es más bien toda una oportunidad, una etapa que necesitan transitar junto a adultos comprometidos con su crecimiento.
En esta ocasión, conversamos con Silvia Luján, psicóloga, docente jubilada, que trabaja con adolescentes en colegios católicos, con el mismo entusiasmo con el que comenzó esta tarea cuarenta años atrás. Ahora, promoviendo, coordinando, acompañando y, lo más importante, dice ella, “siempre aprendiendo”.
Además, rescatamos algunas palabras del Santo Padre que nos recuerda que “la adolescencia no es una enfermedad que debemos combatir, es parte del crecimiento normal, natural de la vida de nuestros hijos”.
También se suman ellos, en primera persona. Testimonios de adolescentes que pertenecen a un grupo juvenil católico, Ateneo Juventus.  Más de veinte chicos de este movimiento visitan semanalmente un barrio marginal en el que  prestan apoyo escolar a niños de nivel primario. Este servicio es solo un ejemplo de los muchos otros en los que trabajan de manera silenciosa, generosa y constante otros jóvenes, que al igual que ellos, se comprometen con proyectos solidarios. Ellos despiertan primaveras, ellos contagian sus sueños. ■

 


 

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Los fabricantes de sueños

“Muchas veces sucede que las malas noticias vinculadas a los adolescentes se transforman en una descripción de lo que es la adolescencia, creyendo que la misma es un problema, casi una tragedia”. Las palabras son de Silvia Luján, psicóloga que trabaja junto a adolescentes  en proyectos educativos de colegios, desde hace cuarenta años.
Durante una entrevista con el periódico Encuentro, cuenta su experiencia y nos anima a encontrar una mirada nueva sobre esta etapa de la vida.

Frente a esta sociedad que los rotula como un problema ¿qué pensás de los adolescentes?
Te puedo asegurar, por mi larga experiencia de trabajo con ellos, que lo problemático en realidad no es el común denominador. Uno es testigo de cómo fabrican sueños, aún con las dificultades o desánimos comunes de esta época. Ellos se prenden a los proyectos que se les presenta con confianza, con entrega, estudian, investigan, se conectan y se vinculan con las necesidades de otros. Sin duda todo sucede cuando encuentran un norte con el cual comprometerse y adultos que acompañan, apuntalan. Los chicos necesitan de esa mirada que sostenga, que les anime a confiar en ellos, a entusiasmarse con el desafío. Y esto no es noticia, es algo silencioso, casi subterráneo, pero con mucha fuerza.

¿Por qué escuchamos también tantas malas noticias vinculadas con los chicos?
Me parece que cuando aparece el desorden en la vida es más del tipo social. Vivimos en una sociedad muy exigente. Y en este escenario complejo hay mucha ausencia de figuras parentales o significativas de adultos que acompañen a los chicos.  A ese desamparo se le suma que estos adolescentes aún no tienen las herramientas para dar respuesta. Pienso que la dificultad más grande es la falta de presencias adultas comprometidas en sus vidas. Los adultos son los sembradores que necesitamos se queden para cuidar, sostener y acompañar lo que han sembrado.

¿Cómo definirías la etapa de la adolescencia?
Entiendo el período de la adolescencia como un tiempo de oportunidades. El adolescente se caracteriza porque en ese momento comienza a tomar conciencia de sí, dejando atrás el niño y su dependencia. Y surge la crisis, en oposición al adulto. La rebeldía del adolescente no tiene que ver con una rebeldía en sí, sino que se enfrenta a los adultos para poder ser él, un ser distinto de otros. Por eso es tan importante la presencia de los grandes en este tiempo. Así ellos logran su propia identidad, confrontando, a través de la oposición. Los chicos que no tienen un adulto para hacer su propia oposición no pueden después desprenderse y amar su propia identidad. Entendamos ese conflicto, no como algo destructivo, sino como una necesidad para construir la propia identidad. Y en este sentido es que digo que la adolescencia es una gran oportunidad para reconstruir la propia historia y dar paso a la propia identidad.

¿Cómo colabora la figura adulta, en particular paterna, en este proceso?
Si pensamos el proceso de manera metafórica, es como si a nuestro hijo le diéramos el  rompecabezas que le regalamos cuando niño. Él desarma las piezas e intenta armar una nueva figura. Por eso es tan importante la figura del adulto para ayudarle en esta tarea tan fundamental que es reconstruir la propia historia. Creo que desarmar algo para armarlo mejor no es un problema o una tragedia, por el contrario, es una gran oportunidad. Que los padres puedan estar presentes en este momento es maravilloso. Y es justamente el rol de padres, de adultos significativos, de docentes, el estar allí. Muchas veces a los papás uno les dice, que cuando la huerta se llena de yuyos tengan paciencia con lo sembrado, que sepan acompañarles. Hay un momento que parece que la cosa tiembla, pero después se reacomoda. Es propio del adolescente el verles caer en el desanimo. Es un miedo que acompaña al gran deseo de que los sueños se cumplan.

¿Cómo pueden acompañar los docentes en este desafío?
Los elementos que encuentran los chicos en el colegio son para construir un modelo nuevo. Justamente el rol de la educación es estar presente y apuntar a los talentos adolescentes. Ayudar a los chicos a descubrir que cosa en ellos es fuerte, es valiosa y necesita ser lustrada para brillar. Todo chico tiene un talento. Ellos están en el proceso de construirse y es nuestra tarea ayudarles a sentir que son valiosos, descubrir sus talentos.

¿Cómo influye el entorno para ayudar a que los adolescentes descubran sus talentos?
Los  chicos no son indiferentes a su entorno. Por el contrario, el bajón que muchas veces tienen es porque el entorno los atraviesa, les pesa terriblemente. La adolescencia, como etapa evolutiva en sí, no es una etapa problemática. Lo que es problemático es el entorno.  Si justamente en este contexto hay adultos comprometidos, que puedan ser puentes entre esta realidad difícil y sus capacidades, el tránsito no es complicado. Lo complicado es cuando estamos frente al abandono. Cuando desde edades muy temprana los chicos están solos y sin norte. Sin saber que dentro de ellos está latiendo un talento. Todos tenemos talentos que ni nosotros conocemos. Y se van desarrollando por el contacto con entornos que promueven su crecimiento. ■

Belén Torres Cammisa
REDACCIÓN
Periódico Encuentro

Cantidad de Artículos : 508

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