Incidencia de las diferencias parentales en la crianza de los niños

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Incidencia de las diferencias parentales  en la crianza de los niños

Todo lo que el niño vivencie  dará lugar a una manera de ser, estar y sentir en el mundo; constituirá su guión personal, su modelo mental para afrontar las adversidades, para  elegir y tomar decisiones.

Es un hecho conocido que la infancia es la etapa de la vida en la que el sujeto construye las bases de su identidad, de su personalidad. Del mismo modo, reconocemos la incidencia que tienen los mandatos familiares, creencias y estilo de crianza de los padres en los niños. No obstante, observamos  adultos que, si bien logran problematizar la relevancia que conllevan las diferencias parentales, no pueden sortear estas discrepancias con éxito y afectan, inevitablemente, la estabilidad afectivo- emocional de sus hijos.
En ediciones anteriores, mencionamos con detalle las características  biopsicosociales que nos determinan como varón y mujer, pero en la cotidianeidad dichas distancias se tienen que poder unificar, complementar;  establecer pautas, criterios y acuerdos de manera conjunta, con el fin de evitar la desorientación e incertidumbre en los pequeños. Recordemos que los menores a través de sus gestos, palabras y comportamientos revelan la dinámica familiar, con sus fortalezas y debilidades. En términos psicoanalíticos, “los niños son los síntomas de los padres”.
El tema  se complejiza cuando en el trabajo clínico con infantes observamos patrones de conducta de ansiedad y temor desmedidos y escuchamos en sus relatos interrogantes sin respuestas: no saben a qué progenitor creerle, cuál dice la verdad, en quién deben confiar. Ellos aman a los dos, pero ¿quién tiene la razón? Dichas inquietudes revelan las limitaciones de los adultos para ser testimonio de la búsqueda y la puesta en marcha de las soluciones a los problemas, además de obturar el proceso de construcción de significados que posibiliten al pequeño avanzar con seguridad y claridad en el sentido de su existencia.
La mencionada construcción es prioritaria. Es el pilar desde donde la persona se moverá, su referente de acción; la carencia de esquemas e ideas unívocos de los padres, derivará en un malestar infantil sostenido. Todo lo que el niño vivencie dará lugar a una manera de ser, estar y sentir en el mundo; constituirá su guión personal, su modelo mental para afrontar las adversidades, para  elegir y tomar decisiones.
En función de lo planteado, la transmisión de la fe en Dios será el baluarte que permitirá a los hijos tener luz sobre su propia existencia, poseer una respuesta fundamental sobre el sentido de la vida. Es un hecho evidenciado en el quehacer psicoterapéutico que, en aquellas personas que experimentan algún sufrimiento, creer en Dios, tener un significado de trascendencia a través de Él, la recuperación es prometedora, porque el individuo tiene confianza, expectativas de curación y puede comprender y sobrellevar mejor su padecimiento.
Procuremos como adultos fortificar nuestra fe y generar espacios de encuentros con nuestro cónyuge para dialogar sobre aquellos aspectos nodales del desarrollo de los hijos y que demandan urgente atención. ■

 

Lic. Alejandra Mottola
Especial para Encuentro

Cantidad de Artículos : 575

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