Dejar lo mundano y servir al necesitado

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Dejar lo mundano y servir al necesitado

En sus palabras previas al rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el papa Francisco aseguró que el evento de la Trasfiguración del Señor invita a reflexionar sobre la importancia de desprenderse de las cosas mundanas y así encontrar a Jesús para estar al servicio de los hermanos necesitados.

“La subida de los discípulos hacia el monte Tabor nos lleva a reflexionar sobre la importancia de desprendernos de las cosas mundanas, para efectuar un camino hacia lo alto y contemplar a Jesús. Nos ofrece un mensaje de esperanza –así seremos nosotros, con Él– nos invita a encontrar a Jesús, para estar al servicio de los hermanos”, indicó el Sumo Pontífice en el marco de la fiesta de la Trasfiguración del Señor.
De lo que se trata, indicó el Papa, es de “disponernos a la escucha atenta y orante del Cristo, el Hijo amado del Padre, buscando momentos íntimos de oración que permitan la acogida dócil y gozosa de la Palabra de Dios”.
Solo de esa manera, señaló el Pontífice, se conseguirá esa “elevación espiritual” y “desprendimiento de las cosas mundanas”, que permita “redescubrir el silencio pacificante y regenerante de la meditación del Evangelio, de la lectura de la Biblia, que conduce hacia una meta rica de belleza, de esplendor y de alegría”.
“Y cuando nosotros nos ponemos así, con la Biblia en la mano, en silencio, comenzamos a sentir esta belleza interior, esta alegría que nos da la Palabra de Dios en nosotros”, aseguró el Santo Padre.
En consecuencia, a imitación de los discípulos que bajaron de la montaña “con los ojos y el corazón transfigurados por el encuentro con el Señor”, el Papa pidió que el redescubrir a Jesús “no es un fin en sí mismo”, sino que nos induce a estar “recargados por la fuerza del Espíritu divino, para decidir nuevos pasos de auténtica conversión y para testimoniar constantemente la caridad, como ley de vida cotidiana”.
“Transformados por la presencia de Cristo y por el ardor de su palabra, seremos signo concreto del amor vivificante de Dios para todos nuestros hermanos, especialmente para quienes sufren, para cuantos se encuentran en la soledad y en el abandono, para los enfermos y para la multitud de hombres y de mujeres que, en diversas partes del mundo, son humillados por la injusticia, la prepotencia y la violencia”, aseguró Santo Padre.
Finalmente, pidió recordar las palabras finales del Padre celestial en este pasaje del Evangelio: “este es mi Hijo amado. Escúchenlo”; y pidió la intercesión de la Virgen María, que “siempre está dispuesta a acoger y custodiar en su corazón cada palabra del Hijo divino”.
“Quiera nuestra Madre y Madre de Dios ayudarnos a entrar en sintonía con la Palabra de Dios, para que Cristo se convierta en luz y guía de toda nuestra vida”, concluyó. ■



Es triste que algunos se crean perfectos y desprecien a otros

El perdón como motor de la esperanza fue el tema de la catequesis del papa Francisco en una Audiencia General en la que recordó que la Iglesia está formada por pecadores y criticó que algunos cristianos crean que son perfectos y desprecian a los demás.
“Los pecadores son perdonados. No solamente vienen aliviados a nivel psicológico porque son liberados del sentido de culpa. Jesús hace mucho más: ofrece a las personas que se han equivocado la esperanza de una vida nueva, una vida marcada por el amor”, dijo el Santo Padre.
“Creo que muchos católicos piensan que son perfectos y por eso desprecian a otros. Esto es triste”, afirmó. En su opinión, “la Iglesia es un pueblo de pecadores que experimenta la misericordia y el perdón de Dios”.
“Desde los inicios de su ministerio en Galilea, Jesús se acerca a los leprosos, los endemoniados, a todos los enfermos y los marginados. Un comportamiento así (en aquella época) no era nada habitual, y es verdad que esta simpatía de Jesús por los excluidos, los ‘intocables’, será una de las cosas que más desconcertarán a sus contemporáneos”.
El Papa también dijo que “allí donde hay una persona que sufre, Jesús se hace cargo, y ese sufrimiento lo hace suyo. Jesús no predica que la condición de pena debe ser soportada con heroísmo, a la manera de los filósofos estoicos”, sino que “comparte el dolor humano y cuando lo hace, de su interior sale la actitud que caracteriza al cristianismo: la misericordia”.
Francisco aseguró que Jesús “abre los brazos a los pecadores” y manifestó que mucha gente “se encuentra hoy también en una vida equivocada porque no encuentra ninguno disponible para mirarlo o mirarla de manera distinta, con los ojos, mejor dicho, con el corazón de Dios, es decir, con esperanza”.
“Jesús ve una posibilidad de resurrección también en quien ha acumulado tantas decisiones equivocadas”, añadió.
El Papa recordó así que “la Iglesia no se formó por hombres intachables, sino por personas que pudieron experimentar el perdón de Dios. Pedro aprendió más de sí mismo cuando cayó en la cuenta, al cantar el gallo, de que había renegado a su maestro, que cuando se mostraba superior a los demás con sus ímpetus y formas espontáneas. También Mateo, Zaqueo y la Samaritana, pese a sus fallos, recibieron del Señor la esperanza de una nueva vida al servicio del prójimo”. ■

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