Las 700 mil razones del Papa para viajar a Myanmar

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Las 700 mil razones del Papa  para viajar a Myanmar

Ese país de enorme mayoría budista ha provocado casi un genocidio de una etnia musulmana que huye a Bangladesh, el otro destino de este viaje de Francisco.

Al cierre de esta edición, el papa Francisco ya transitaba su segundo día en Myanmar, la ex Birmania, un país budista que sigue la corriente «theravada» del budismo, donde la religión de Siddharta muestra uno de sus lados oscuros, lleno de intolerancia y predicación violenta. El Papa busca contribuir para que disminuyan las tensiones.
Francisco conoció a los “zetmans”, los «pequeños evangelizadores» que, con valentía y dedicación, han mantenido con vida la fe católica durante los más de 50 años que duró un régimen opresivo, que limitó la libertad religiosa. Pero también llegó para pedir respeto a las minorías étnicas, como es el caso de  los musulmanes rohinyá, perseguidos y expulsados de ese país hacia Bangladesh.
Myanmar es una nación llena de pagodas y templos budistas de todas las épocas y tamaños, en la que la filosofía ascética de Siddharta Gautama permea la vida social y tiene un papel crucial en la cultura y en la mentalidad.
Entre 53 millones de habitantes, los monjes budistas son 500 mil y las monjas de la misma religión 75 mil, desperdigados en una red de más de 50 mil comunidades monásticas y escuelas que forman parte integral del sistema social, cultural y religioso. Cada birmano pasa un periodo de “noviciado” en uno de los monasterios, entre los 7 y los 20 años. Esta experiencia vincula para siempre al ciudadano con la comunidad monástica, en una relación de doble filo.
No es casual que el «ejército de la compasión» de miles de monjes hubiera sido protagonista, en 2007, de la que pasó a la historia como la «revolución azafrán» que se oponía a la opresión de una junta militar que entonces reprimía las protestas y que algunos años más tarde dejó el poder a un gobierno civil, hasta que llegaron las elecciones democráticas de 2015.
Pero también está el lado oscuro del budismo. La inclinación netamente individualista del budismo birmano, según indican algunos estudiosos, es la raíz de las desviaciones de algunos monjes que en la actualidad, sin tener en cuenta valores como la compasión, la paz y la sabiduría, difunden odio y animan a la violencia contra las minorías religiosas como los musulmanes rohinyá.
Así ha surgido el lado oscuro del budismo birmano, ese que la prensa internacional ha descrito, como la revista “Time”, que dedicó su portada al «Bin Laden budista», el monje Ashin Wirathu, que primero fundó un movimiento religioso abiertamente anti-islámico, el “969”, y después lo transformó en el movimiento “Ma Ba Tha” (“Asociación patriótica de Myanmar”) que ha prometido a nivel político un paquete de cuatro leyes para defender «la raza y la religión», con el objetivo de dañar principalmente a la minoría musulmana.
Los primeros indicios de esta intolerancia se registraron en 2012, cando diferentes aldeas en el estado birmano de Rakhine, habitado por los musulmanes rohinyá, fueron destruidos y sus habitantes (hombres, mujeres y niños) fueron masacrados por multitudes de budistas birmanos. El comienzo de una limpieza étnica que, alimentada por la propaganda feroz de los monjes de “Ma Ba Tha”, se convirtió, cinco años más tarde, en la mayor operación de desplazamiento forzado de una población (más de 600 mil rohinyá fueron obligados por el ejército birmano a trasladarse a Bangladesh) que vivía en el territorio desde hace más de tres siglos. Ahora todas estas personas viven en la absoluta negación de los derechos humanos esenciales.
Por eso el Papa fue a Myanmar. Es bueno saberlo en Argentina, donde muchos cuestionan las prioridades del Papa. ■

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