En Chile, Francisco también les habló a los argentinos

0
En Chile, Francisco también  les habló a los argentinos

Durante su última visita pastoral por América del Sur, el Sumo Pontífice ratificó, su deseo de alcanzar “una iglesia pobre y para los pobres”. También llamó a los cristianos a involucrarse para ser “artesanos de la unidad” y rechazó todo tipo de violencia como herramienta política.

En Santiago, no había banderas ni carteles que anunciaran la visita. No se respiraba el clima de fiesta que comúnmente acompaña cada viaje de Francisco.
La mitad de los chilenos se manifestaban entre la indiferencia y el rechazo a la presencia del Papa. Criticaban el costo de las medidas de seguridad que, según ellos, ascendía a 16 millones de dólares; muchos se manifestaban ateos o agnósticos y alejados de un clero que identifican como elitista e indiferente a los problemas de la gente común. A eso se sumaban los cuestionamientos que recibió la Iglesia chilena tras un escandaloso caso de pedofilia que involucró a un sacerdote y los violentos ataques contra la iglesia por parte de grupos que se identifican con los reclamos mapuches: colocaron seis bombas incendiarias en templos católicos antes de la llegada del pontífice.
El propio arzobispo de Santiago de Chile, cardenal Ricardo Ezzati, señaló a los periodistas: “el Papa va a encontrar una Iglesia que está en crisis”.
Sin embargo, la respuesta de Francisco desarmó los temores antes de pisar suelo chileno: “Para mí no será un viaje difícil. Estudié aquí, tengo muchos amigos y conozco bien Chile”, comentó el pontífice a los 70 periodistas que viajaban con él. Fue una frase simple que anticipaban los gestos que practicaría en los cuatro días de visita.

Recorrido simbólico
Llegó el lunes 15 y quiso arrancar su visita desde la tumba de don Enrique Alvear, conocido como “el obispo de los pobres”. Un sacerdote que se destacó por sus comedores populares en las afueras de Santiago y por la defensa de los derechos humanos durante el gobierno militar de Pinochet. La parroquia donde está enterrado también es emblemática. Lleva el nombre de fray Luis Beltrán: el sacerdote español del siglo XVI que defendió a los indígenas ante el abuso de los encomenderos.
Al día siguiente, hizo su visita formal a las principales autoridades chilenas. En La Moneda, nombre que identifica a la sede presidencial, volvió a referirse a los temas más conflictivos que se ventilaron antes de su visita. Pidió que escuchen a los pueblos originarios y su sabiduría, a los migrantes y a los niños. Acto seguido sorprendió manifestando “el dolor y la vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia”.  “Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir”, enfatizó.
El Papa se refería al caso del sacerdote Fernando Karadima sancionado por abuso tanto por la Santa Sede como por la Justicia chilena.
En 2010, la Justicia vaticana lo suspendió de por vida por abusos cometidos contra niños y jóvenes y la justicia chilena lo encontró culpable pero no lo condenó porque el delito había prescripto.
Este mismo mensaje iba a ser repetido por el Sumo Pontífice en su encuentro con sacerdotes y religiosas en la Catedral de Santiago.

Misa multitudinaria
En su primera misa multitudinaria, celebrada en el Parque O´Higgins, en el corazón de la capital, Francisco llamó a salir de la resignación que paraliza e involucrarse para forjar la Patria. Lo hizo hablando de las Bienaventuranzas, casi una “hoja de  ruta” de su pontificado, la fórmula que repite en cada viaje apostólico. Para Francisco, los capítulos 5 y 25 del Evangelio de Mateo son un “programa de santidad”.
Luego, hizo la visita que más disfrutó (según sus allegados más íntimos): la cárcel de mujeres. Allí, señaló que “todos somos pecadores” y llamó a “dejar la lógica simplista de dividir la realidad en buenos y malos”.  “Ser privado de la libertad no es lo mismo que estar privado de la dignidad. Es necesario luchar contra todo tipo de corsé, de etiqueta que diga que no se puede cambiar, o que no vale la pena, o que todo da lo mismo”, exclamó. El papa Francisco señaló que la pena es para pagar una deuda con la sociedad y reinsertarse: “La sociedad tiene la obligación, obligación, de reinsertarlas a todas”.
En su tercer día en Chile, Francisco enfrentó de lleno el segundo gran punto de conflicto en la sociedad chilena que intentó opacar su visita: los pueblos originarios y el reclamo mapuche. A esa altura ya se habían registrado nueve ataques incendiarios a iglesias, tiroteos, un herido y graves daños materiales. El Papa fue a la capital de la Araucanía, 700 kilómetros al sur de la capital, para celebrar una misa en Temuco, el foco de mayor tensión. El encuentro fue pacífico. Allí, sí lo esperaban con banderas y carteles de bienvenida y los protagonistas de la ceremonia fueron los propios mapuches.
Tocaron la Trutruca (tradicional instrumento aborigen) para anunciar el inicio de la misa, protagonizaron una “rogativa mapuche” durante la oración de los fieles y ocuparon los cotizados bancos de la primera fila con sus coloridos trajes tradicionales.
La homilía comenzó con un saludo de paz en idioma mapuche y siguió con un pedido clave, por la unidad. “En el Evangelio que hemos escuchado, Jesús ruega al Padre para que «todos sean uno» (Jn. 17,21). En una hora crucial de su vida se detiene a pedir por la unidad. Su corazón sabe que una de las peores amenazas que golpea y golpeará a los suyos y a la humanidad toda será la división y el enfrentamiento, el avasallamiento de unos sobre otros”. Después, llamó a evitar la tentación de “confundir unidad con uniformidad… la unidad no nacerá de neutralizar o silenciar las diferencias” y marcó un claro rechazo a todo tipo de violencia. La unidad “no puede aceptar cualquier medio para lograr este fin” y así se manifestó en contra tanto de la violencia de los “bellos acuerdos que nunca se cumplen” como de “la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas. No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división”. Criticó tanto los pactos “que se firman con la mano y se borran con el codo” como la violencia como “herramienta” de construcción política.

Pasado el mediodía el Papa voló nuevamente a Santiago y, sin detener su extenuante agenda, presidió un encuentro con jóvenes en el Santuario de Maipú. Usó un divertido lenguaje “informático” para invitarles a “no perder la señal” y “reconectarse con Jesús”.
Les dijo que no sientan que no tienen nada para aportar al mundo, que sean valientes, que se arriesguen a ser protagonistas. Y para hacerlo les propuso una contraseña para “recuperar la señal”: Y recordó que la contraseña del padre Alberto Hurtado para reconectar para mantener la señal era muy simple.
“Si se animan me gustaría que la apunten en sus teléfonos -enfatizó-. Yo se las dicto: Hurtado se pregunta: ‘¿Qué haría Cristo en mi lugar?’ Los que puedan, anótenlo. ¿Qué haría Cristo en mi lugar? En la escuela, en la universidad, en la calle, en casa, entre amigos, en el trabajo; frente al que le hacen bullying: ‘¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.
En su último día, el Papa volvió a viajar, esta vez para el norte. En la ciudad de Iquique enfrentó otro grave conflicto chileno: los inmigrantes. El país trasandino recibió sólo el año pasado 105.000 haitianos y 100.000 venezolanos. Celebró su tercera misa multitudinaria y en la homilía señaló: “Iquique es tierra de sueños —eso significa el nombre en aymara—; tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas, gente que han tenido que dejar a los suyos, marcharse. Una marcha siempre basada en la esperanza por obtener una vida mejor, pero sabemos que va siempre acompañada de mochilas cargadas con miedo e incertidumbre por lo que vendrá. Iquique es una zona de inmigrantes que nos recuerda la grandeza de hombres y mujeres; de familias enteras que, ante la adversidad, no se dan
por vencidas y se abren paso buscando vida. Ellos son imagen de la Sagrada Familia que tuvo que atravesar desiertos para poder seguir con vida”.
Acto seguido Francisco dejó suelo chileno y partió rumbo a Lima donde lo esperaba una verdadera fiesta.

Enseñanzas
Es cierto, el Papa pasó sobre Argentina y no aterrizó en su país, pero en su visita al hermano pueblo chileno dejó enseñanzas que se aplican perfectamente a nuestra realidad y eso, en definitiva, es lo más importante.
No esquivó ningún problema, por el contrario fueron el centro de su prédica, ratificó desde el primer minuto su visión de “una iglesia pobre y para los pobres”, llamó a involucrarse para ser “artesanos de la unidad”, rechazó todo tipo de violencia como herramienta política, llamó a la integración de los pueblos valorando la riqueza cultural, expresó su dolor y vergüenza por los pecados de la iglesia, instó a los jóvenes a ser valientes protagonistas de la historia y nos advirtió que “una nación es futuro… y ese futuro se juega en la capacidad de escuchar que tengan su pueblo y sus autoridades”. ■

Cantidad de Artículos : 575

Deja tu comentario

'

© 2012 Diseñado por Creare , Desarrollado por Darandú

Scroll to top