Presentaron en Córdoba la experiencia de los centros barriales del Hogar de Cristo

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Presentaron en Córdoba la experiencia de los centros barriales del Hogar de Cristo

Se trata de dispositivos comunitarios de acompañamiento “cuerpo a cuerpo” a los sectores vulnerables. Están conformados por un equipo de personas comprometidas que trabajan para asistir a otros miembros de la comunidad. La experiencia fue presentada el pasado 26 de agosto en la sede de la Universidad Católica de Córdoba

El pasado 26 de agosto, en la sede de la Universidad Católica de Córdoba, tuvo lugar una jornada destinada a presentar el trabajo comunitario que desde hace un año se viene realizando de los “centros barriales” de la ciudad de Córdoba.
“Espacios Puentes”, “Madre de la Esquina” y “La Casita Maldonado”, son los centros ubicados en los barrios Comercial, Suárez y Maldonado, respectivamente, que estuvieron compartiendo la tarea que realizan y animando en la formación de nuevos espacios.
Esta es una propuesta relativamente nueva en nuestra arquidiócesis, surgida a partir de la experiencia de los Hogares de Cristo, iniciativa a nivel nacional animada por la Iglesia Católica, que trabaja en comunión con otras instituciones plantando bandera en los sectores más olvidados y vulnerables.
Desde allí se lleva a cabo una titánica labor por parte de un grupo de hombres y mujeres comprometidos en la tarea de “recibir la vida como viene y acompañar cuerpo a cuerpo” a quienes sufren la exclusión debido al flagelo de la droga y la pobreza.
En el marco de dicha presentación estuvieron presentes referentes de los distintos centros barriales, como los sacerdotes Mariano Oberlín y Pablo Viola -asesor de pastoral de adicciones- quienes, por turno, comentaron las actividades que se llevan a cabo en sus parroquias, como así también los desafíos que enfrentan y las esperanzas en las que se asienta su labor.

Cuerpo a cuerpo
Según el aporte de cada referente, éstos son “un dispositivo comunitario de acompañamiento cuerpo a cuerpo para la vida como viene”. Están conformados por un equipo de personas comprometidas que trabajan abarcando la complejidad de las dificultades y necesidades que atraviesan numerosas personas. Si bien surgieron como una respuesta a las problemáticas que viven las personas adictas (sobre todo el drama del paco), con el tiempo fueron redefiniendo su finalidad por cuanto comprendieron que la situación era más compleja y abarcaba, además, un drama profundo como es el de la exclusión y todo lo que ésta genera. Entonces, aunque el “espíritu” que anima los centros sea el mismo, cada uno posee una identidad y un perfil particular.
Las “ofertas” de los centros se configuran a partir de diferentes necesidades. Abarcan desde el apoyo escolar, los talleres de vínculos, espacio de espiritualidad, recreación deportiva, aprendizajes de oficios, consultaría legal y psicológica, entre otros. Con el correr del tiempo y las demandas surgidas, la diversidad de propuestas ha ido creciendo a la par de los voluntarios que se suman a la tarea, muchos de ellos jóvenes profesionales y mujeres. “Lo esencial es no perder de vista la complejidad de la problemática que implica abordarla desde la integralidad”, destacó el padre Viola.
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La persona como centro

Si en algo coincidieron los disertantes fue en un concepto clave: focalizarse en la persona. Es por eso que desde los centros se acompaña el trayecto de vida de cada persona desde la comprensión. Las realidades que se receptan son variadas y altamente complejas, pero ante todo, los voluntarios saben que delante de ellos hay un ser humano que necesita ser escuchado, acompañado, ayudado, comprendido. Desde una joven embarazada, pasando por un muchacho con problemas de adicciones, mujeres que llevan a cuestas el drama de enfrentar sola la maternidad y el cuidado de sus hijos, hombres que padecen la falta de trabajo y sobre todo la exclusión que muchos sufren debido a las adicciones o el origen social. Según relataron los referentes de barrio Maldonado, una de las claves para llegar a los habitantes del barrio, es ser también “un vecino”, por eso la mayoría de lo que colaboran en estos espacios son gente de la zona o bien, van y se instalan allí para que sean reconocidos como uno más.
Es así que salir al encuentro, invitar a los diferentes talleres, convocar a un partido de fútbol, abrir espacios para aprender música, compartir espacios de fortalecimiento de vínculos y brindar momentos de espiritualidad son algunas de las estrategias para “curar” las heridas del cuerpo y el alma que realizan cada día los voluntarios de los centros barriales. Una tarea titánica que, desde el anonimato, busca mejorar la vida de los más olvidados. ■

 

Mariana Viarengo
De la redacción de Encuentro

Cantidad de Artículos : 533

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