Cuaresma: tiempo de volver a Dios

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Cuaresma: tiempo de volver a Dios

Cada año la Iglesia recorre un camino de penitencia y conversión que nos lleva a vivir la Pascua de Cristo de una manera más profunda y sincera. Este tiempo de preparación se denomina Cuaresma e invita a toda persona a buscar erradicar del corazón aquello que pueda alejarlo de la voluntad y el amor de Dios.

Cuando febrero llegue a su punto medio, la Iglesia Católica iniciará el tiempo litúrgico de Cuaresma. Este período comienza con el Miércoles de Ceniza y termina antes de la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. Así, durante cuarenta días, la liturgia nos revela el constante llamado de Cristo a cambiar de vida y la Iglesia nos invita a escuchar la Palabra de Dios, dejándonos interpelar por ella. También nos propone orar, compartir con el prójimo y emprender acciones que ayuden a asemejarnos aún más a Jesús, redescubriendo el valor del perdón y la reconciliación fraterna. A continuación, te ofrecemos algunos datos que pueden servir para comprender mejor el sentido y el significado de este tiempo tan importante y rico en misericordia.

¿Porqué 40 días?
La duración de la Cuaresma está basada en el significado simbólico que representa el número cuarenta en la Biblia. Es en sus páginas donde se narra acerca de los 40 días del diluvio; de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto, los 40 años de la marcha del pueblo judío por el desierto, los 40 días de Moisés y de Elías en la montaña; también los 40 días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública.
En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra.

¿Cuándo se instituyó esta práctica?
Cuando, en el siglo II de la era cristiana, la Iglesia comenzó a celebrar anualmente el misterio pascual de Cristo advirtió la necesidad de una preparación adecuada, por medio de la oración y del ayuno, según el modo prescrito por el Señor.
Surgió así la piadosa costumbre del ayuno Infra-pascual del viernes y sábado santos, como preparación al Domingo de Resurrección. Este período de preparación pascual fue consolidándose hasta llegar a constituir la realidad litúrgica que hoy conocemos como Tiempo de Cuaresma.
Influyeron también, sin duda, las exigencias del catecumenado y la disciplina penitencial para la reconciliación de los penitentes. La primitiva celebración de la Pascua del Señor era precedida de un ayuno preparatorio el viernes y sábado previos. A esta práctica podría aludir la Traditio Apostolica, documento de comienzos del siglo III, cuando exige que los candidatos al bautismo ayunen el viernes y transcurran la noche del sábado en vela.
De todos modos, habrá que esperar hasta el siglo IV para encontrar los primeros datos de una estructura orgánica de este tiempo litúrgico. Sin embargo, mientras en esta época aparece ya consolidada en casi todas las Iglesias la institución de la cuaresma de cuarenta días, el período de preparación pascual se circunscribía en Roma a tres semanas de ayuno diario, excepto sábados y domingos. En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

¿Cuál es el significado de las cenizas?
Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente a vivir el Misterio Pascual. Este tiempo se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: “metanoeiete”, es decir “conviértanse”. Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras “conviértete y cree en el Evangelio” y con la expresión “acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”, invita a todos a reflexionar recordando la efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.
La ceniza, del latín “cinis”, es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia.
Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fue simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación. Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con la ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Otros elementos relacionados con la Cuaresma
Incienso
El incienso de “incendere”, “encender”, es una resina que produce un agradable aroma al arder. Esta palabra latina da origen también al termino “incensario” (el instrumento metálico para incensar). El incienso se da sobre todo en el Oriente y ya desde muy antiguo en Egipto, antes que llegaran los israelitas se usaba en ceremonias religiosas. En torno al Arca de la Alianza, pero sobre todo el templo de Jerusalén era clásico el rito del incienso (Ex.30).  Los cristianos sobre el siglo IV lo introdujeron en sus celebraciones. Actualmente se inciensa en la misa, cuando se quiere resaltar la festividad del día, el altar, las imágenes de la Cruz o de la Virgen, el libro del evangelio, las ofrendas, los ministros y el pueblo cristiano en el ofertorio, el Santísimo después de la consagración o en las celebraciones de culto eucarístico. Con ello se quiere significar a veces un gesto de honor o un símbolo de ofrenda sacrificial.

Ayuno
Se denomina “ayuno” (latín “ieunium”) a la privación voluntaria de comida durante algún tiempo por motivo religioso, como acto de culto ante Dios. En la Biblia puede ser señal de penitencia, expiación de los pecados, oración intensa o voluntad firme de conseguir algo. Otras veces, como en los cuarenta días de Moisés en el monte o de Elías en el desierto o de Jesús antes de empezar su misión, subraya la preparación intensa para un acontecimiento importante. Desde el siglo IV, el ayuno junto con la oración y la caridad han sido una “práctica cuaresmal” como signo de la conversión interior a los valores fundamentales del evangelio de Cristo.

Abstinencia
Del latín “abstinentia” (acción de privarse o abstenerse de algo), es considerado un gesto penitencial. Actualmente se pide que los fieles con uso de razón y que no tengan algún impedimento se abstengan de comer carne, realicen algún tipo de privación voluntaria o hagan una obra caritativa los días viernes, que son llamados días penitenciales. Sólo el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son días de ayuno y abstinencia

Conversión
Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con el Creador. Supone e incluye dejar el arrepentimiento y la Confesión de todos y cada uno de nuestros pecados. Una vez en gracia (sin conciencia de pecado mortal), hemos de proponernos cambiar desde dentro (en actitudes) todo aquello que no agrada a Dios. Es por ello que se recomienda que los fieles se acerquen a recibir el sacramento de la Reconciliación.
Limosna:
La palabra griega «eleemosyne» proviene de «éleos», que quiere decir compasión y misericordia; inicialmente indicaba la actitud del hombre misericordioso y, luego, todas las obras de caridad hacia los necesitados. Es una práctica piadosa que permite despojarnos de lo nuestro para compartir con el prójimo, sobre todo, con quienes más sufren la pobreza.

Via Crucis
Se trata de un “ejercicio piadoso” que consiste en meditar el camino de la cruz por medio de lecturas bíblicas y oraciones. Esta meditación se divide en 14 o 15 momentos o estaciones. San Leopoldo de Porto Mauricio dio origen a esta devoción en el siglo XIV en el Coliseo de Roma, pensando en los cristianos que se veían imposibilitados de peregrinar a Tierra Santa para visitar los santos lugares de la pasión y muerte de Jesucristo. Tiene un carácter penitencial y suele rezarse los viernes. En muchos templos están expuestos cuadros o bajorrelieves con ilustraciones que ayudan a los fieles a realizar este ejercicio.
Fuentes: Catecismo de la Iglesia Católica, ACI Prensa,  www.primeroscristianos.com. ■

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