Cuándo comienza la vida, una información clave para el debate

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Cuándo comienza la vida, una información clave para el debate

En este artículo, publicado en el diario La Nación, la doctora Zelmira Bottini de Rey, médica pediatra (UBA) y miembro del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina, explica por qué la vida humana empieza en la fecundación, y que, por lo tanto, cualquier “interrupción” de esa vida atenta contra el principal derecho humano de las personas.

La ciencia ha demostrado en forma fehaciente que la vida humana comienza con la fecundación, es decir, con la fusión de un óvulo y un espermatozoide. A partir de ese momento se está en presencia de un nuevo ser, que se irá desarrollando de manera coordinada, continua y gradual. En el embrión, la construcción es autónoma y guiada por un programa definido por el propio genoma desde el primer momento de la aparición de ese individuo. La finalidad de ese programa es alcanzar el desarrollo del individuo adulto.
Se ha demostrado que este programa autónomo establece los ejes del desarrollo embrionario que comienzan a definirse en las horas siguientes a la fusión de los gametos. También, que a las 24 horas de vida se produce la primera división celular y cada una de las dos células activa en forma diferencial ciertos genes que determinan un destino diferente para ellas: de una derivarán los precursores del embrión y de la otra, los de la placenta. Las sucesivas divisiones celulares que se producen durante el viaje del embrión por la trompa van acompañadas de progresiva diferenciación celular, de expresión de distintos genes propios del embrión y de un “diálogo químico” con la madre que permite preparar la implantación del embrión en el útero (proceso que comienza alrededor del día 7 y se completa el día 14).
Todos estos conocimientos científicos refutan la idea de que el embrión en sus primeras etapas es un cúmulo de células no diferenciado hasta la formación del disco embrionario, en el día 14. Es muy importante tener en cuenta que todas las etapas del proceso de desarrollo del embrión tienen un valor similar y propio, y que una etapa posibilita que se produzca la siguiente.
En el debate actual se presenta un proyecto de aborto hasta las 14 semanas de gestación, segundo trimestre del embarazo. Para entonces, el feto ya tiene formados todos sus órganos. Solo queda que maduren: pulmones, sistema nervioso central y riñones, que ya han comenzado a producir su líquido amniótico. La placenta está organizada y presenta una estructura similar a la del tercer trimestre. Por otra parte, se pueden distinguir los rasgos faciales, por lo que los fetos de 14 semanas no son todos iguales, lo que queda demostrado en las ecografías 4D.
No se puede desconocer que muchas veces se genera un conflicto de intereses entre la madre, sus deseos, circunstancias, posibilidades, “derechos”, etc., y el niño por nacer, quien no pidió vivir ni tiene posibilidad de defender su derecho a vivir. El aborto provocado tiene dos víctimas: el niño que muere y la madre. Esta muchas veces transita circunstancias adversas de distinto orden (socioeconómicas, afectivas, médicas, familiares) que le hacen muy difícil afrontar el embarazo; otras veces no puede aceptar lo que se oponga a sus deseos o a sus proyectos.
Es fundamental multiplicar e implementar medidas concretas que ayuden a las madres a sobrellevar la situación que transitan y a buscar soluciones que respeten a ambos protagonistas: el hijo y la madre. El recurso del aborto significa siempre un fracaso tanto para ella como para sus convivientes, la sociedad y el Estado.

¿Sin consecuencias?
Suele presentarse la eliminación de un hijo como un hecho sin mayores consecuencias y se propone que se tomen decisiones tan fundamentales e irreversibles sin mediar información verdadera y completa que les permita a las mujeres y a sus parejas realizar una reflexión profunda para evaluar distintas alternativas de solución.
Rara vez se comentan las consecuencias psicológicas del aborto para la gran mayoría de las mujeres y están poco difundidas las investigaciones y trabajos científicos sobre el tema. Es notable el interés que se despierta cuando se abre un espacio para dar a conocer los distintos programas existentes para la sanación de las consecuencias del aborto. Esta respuesta no solo es de las mujeres que han transitado la experiencia, sino también de los varones y de todos aquellos que de alguna manera han sido partícipes del hecho.
En la Argentina, desde hace varios años se multiplican los programas de sanación de las heridas del aborto y también los agentes dispuestos a realizar el acompañamiento para alcanzar esta sanación.
El espacio que se acaba de abrir en la sociedad da la oportunidad de escuchar distintas voces; reflexionar sobre distintos argumentos; ser creativos en la búsqueda de soluciones con el objetivo claro, y principal de promover toda vida humana, desde su inicio hasta su muerte natural. ■

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