Un Pentecostés para la Patria

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Javier Cámara – DIRECTOR

javierenriquecamara@gmail.com

Por apenas dos días no coinciden, este año, la celebración patria del 25 de Mayo con la celebración religiosa de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles (la Iglesia primitiva), que se festejará el próximo domingo 27 de mayo.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Desde nuestro punto de vista y, en las actuales circunstancias, tienen mucha relación. La perorata anticatólica que se expresa a menudo por los medios de comunicación, confunde lo que es la sana independencia y autonomía que debe existir entre la Iglesia y el Estado, con otra cosa que le viene bien para sus fines, pero que está totalmente errada: que los católicos tienen que actuar como ateos o agnósticos cuando de cuestiones políticas o estatales se trata.

La relación entre la Iglesia y el Estado ha sido definida claramente por el Concilio Vaticano II en los siguientes términos: “La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno”. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI) agrega que “la Iglesia se organiza con formas adecuadas para satisfacer las exigencias espirituales de sus fieles, mientras que las diversas comunidades políticas generan relaciones e instituciones al servicio de todo lo que pertenece al bien común temporal. La autonomía e independencia de las dos realidades se muestran claramente sobre todo en el orden de los fines”.

Hay que aclarar -citando el CDSI- que “la recíproca autonomía de la Iglesia y la comunidad política no comporta una separación tal que excluya la colaboración: ambas, aunque a título diverso, están al servicio de la vocación personal y social de los mismos hombres”.

Sucede que, no siempre con buenas intenciones, gobernantes, periodistas, dirigentes sociales y políticos concluyen que, en razón de esta autonomía, los católicos no pueden ni deben aplicar (por lo general utilizan el verbo “imponer” para que suene menos democrático) sus creencias en las cuestiones políticas y estatales. Esto no sólo es un error dialéctico; también puede interpretarse o asumir la forma de una presión o una coacción que atenta contra el derecho humano a la libertad religiosa.

La dignidad de la persona y la naturaleza misma de la búsqueda de Dios -dice en el CDSI-, exigen para todos los hombres la inmunidad frente a cualquier coacción en el campo religioso. “La sociedad y el Estado no deben constreñir a una persona a actuar contra su conciencia, ni impedirle actuar conforme a ella”.

Esta conciencia cristiana libre es la que nos da razones para reconocernos preocupados por los asuntos temporales, por el bien común de quienes nos rodean; esto es, en fin, la comunidad humana y política de la que formamos parte. Lo hacemos también como un modo de encarnar el lema pastoral de nuestra Arquidiócesis que dice que “en Jesús somos hijos, nos hacemos hermanos y ciudadanos, nos comprometemos”.

Este “com-pro-miso” (con=plantea una relación; pro=plantea una disposición; miso=plantea una misión o envío), nos lleva a “estar dispuestos a cumplir una misión o a hacer algo por o con nuestra patria”, cuya fundación política conmemoraremos el 25 de Mayo. Y aquí está la relación entre la fecha patria y la fecha religiosa: de nuestro compromiso cristiano surge la preocupación por el hoy de nuestra patria, para la que queremos pedir (para sus hombres, sus autoridades, sus instituciones, sus leyes) los dones que el Espíritu Santo le regala a la Iglesia en Pentecostés.

El objetivo de esta plegaria no es que el Estado se convierta en una organización religiosa. Sino que en su praxis política aplique los valores que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de toda persona humana, el respeto de los derechos del hombre, la asunción del bien común como fin y criterio regulador de la vida política. Al respecto, podemos decir con Juan Pablo II, que uno de los mayores riesgos para las democracias actuales es el relativismo ético, que induce a considerar inexistente un criterio objetivo y universal para establecer el fundamento y la correcta jerarquía de valores: “Hoy se tiende a afirmar que el agnosticismo y el relativismo escéptico son la filosofía y la actitud fundamental correspondientes a las formas políticas democráticas, y que cuantos están convencidos de conocer la verdad y se adhieren a ella con firmeza no son fiables desde el punto de vista democrático, al no aceptar que la verdad sea determinada por la mayoría o que sea variable según los diversos equilibrios políticos. A este propósito, hay que observar que, si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia”.

En la Argentina de hoy están volviendo a sobresalir, descaradamente, por encima del bien común, esas convicciones instrumentalizadas para fines de poder, entrecruzadas y enfrentadas con los apetitos de un capitalismo que explota el materialismo consumista con el que nuestra cultura progresista ha educado a las grandes mayorías. Por eso hoy pedimos para nuestra Patria: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

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