Por qué el Papa no viene (aún) a Argentina

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Por qué el Papa no viene (aún) a Argentina

La no visita del Papa a Argentina se ha convertido, para algunos, en una cuestión de Estado.  Se tejen elucubraciones periodísticas y políticas que repasan “creativamente” –y en ocasiones con evidente mala intención– las supuestas motivaciones del Papa para no venir al país.
Desde aquí no vamos a dar muchas vueltas para decir el porqué. Es un tema sobre el que hemos leído, reflexionado y rezado. Y aunque para el papa Francisco es una cuestión de discernimiento, y el discernimiento de un Papa, que encima es jesuita, es profundo y misterioso, aquí lo vamos a decir “de una”, como dicen los jóvenes. Con demasiada franqueza, quizás, y sin corrección política: El papa Francisco no viene a la Argentina porque tiene cosas más importantes que hacer.
Ni él ni sus colaboradores más cercanos lo expresan de esta manera, porque no parece cortez. Pero es la realidad.
Si el Papa considerara, en su discernimiento, que Dios le está pidiendo venir a la Argentina ahora, pondría fecha sin dudarlo. Si hubiera un peligro institucional grave cambiaría su agenda, como hizo cuando recibió en más de una oportunidad a la expresidenta Cristina Fernández cuando su gestión hacía aguas por todos lados, y la institucionalidad hacía necesario un gesto. Desde que la ahora candidata a senadora dejó el máximo cargo nacional, nunca más fue recibida por el Papa. Son los hechos, a pesar de lo que dicen los comunicadores sobre el “peronismo” de Bergoglio.
Respecto de su demorada visita al país, el Papa advierte –en oración– que no es el tiempo de venir. De esa manera lo ha expresado en más de una ocasión.
Hace apenas nueve meses, Francisco envió un mensaje en video para los argentinos. Volver a verlo hoy confirma lo que decimos, y otras cosas más que necesitamos escuchar una y otra vez en esta tierra. “Ustedes saben cuánto me gustaría volver a verlos”, dijo en aquel mensaje. Y explicó que no era posible porque tenía otros países que visitar. Otras cosas que hacer, decimos nosotros. Y señaló –como para que no queden dudas– que “el mundo es más grande que Argentina”.
Francisco es un pastor universal. Su rebaño es el mundo, no su país de origen.
En la frase siguiente señaló: “Dejo en manos del Señor que Él me indique la fecha”; y adentrándose en el mensaje que tiene para nosotros, enfatizó: “Para mí, el Pueblo argentino es mi Pueblo. Ustedes son importantes; yo sigo siendo argentino. Yo todavía viajo con pasaporte argentino”.
Luego, en una evidente alusión a la “grieta” que vive y reina en Argentina, agregó: “El amor a la Patria es lo que me lleva una vez más a pedirles que se pongan la Patria al hombro. Esa Patria necesita que cada uno de nosotros le entreguemos lo mejor de nosotros mismos, para mejorar, crecer, madurar. Y esto nos hará lograr esa cultura del encuentro que supera todas estas culturas del descarte que hoy en el mundo se ofrecen por todas partes. Una cultura del encuentro donde cada uno tenga su lugar, que todo el mundo pueda vivir con dignidad y que se pueda expresar pacíficamente sin ser insultado o condenado o agredido o descartado. Esa cultura del encuentro que todos tenemos que ir buscando con la oración y la buena voluntad. (…) La riqueza más grande que tiene nuestra patria es el Pueblo.  Ese Pueblo que sabe ser solidario, que sabe caminar uno junto a otro, que sabe ayudarse, que sabe respetarse (…). Yo, a ese Pueblo argentino lo respeto, lo quiero, lo llevo en mi corazón. Es la riqueza más grande de nuestra Patria. Y aunque no podamos estrecharnos las manos cuenten con mi memoria y mi oración para que el Señor los haga crecer como Pueblo, como Pueblo que se reencuentra, que trabaja unido y busca la grandeza de la Patria”.
En la Argentina de hoy hay muchas personas que no quieren al Papa. La mayoría de ellas porque no quiere a la Iglesia. Otras, porque están convencidos de la cantinela del “Papa peronista” que repiten muchos opinólogos de los grupos mediáticos que responden, que son o que ostentan el poder económico, ideológico y político, siempre expertos en sembrar sospechas sobre quiénes no responden a sus intereses.
Estos son los que quieren que el Papa “venga ya”, para que cuando esté aquí lo embarren con el mismo estiércol del que se alimentan cada día. Quieren que venga para achacarle los costos de la visita, las caras que puso o no puso en la foto con este y con aquella. Quieren que venga para “tirarle”  con Grassi y con los pedófilos; con Moreno y con Bonafini. Quieren que venga para que las piedras que le tiran desde acá, y hoy no le llegan, le peguen en serio. Por eso, los que tenemos fe, sabemos que en su bondad, el Señor le dice cada noche a Francisco y al argentino Jorge Bergoglio, “esperá, todavía no es tiempo. Ya lo será”. ■

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