La victoria no da derechos (para quitar derechos)

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La victoria no da derechos  (para quitar derechos)

El compromiso ciudadano, el amor por la patria, la “pasión por la verdad” de la que habla aquella todavía necesaria “Oración por la Patria” son algunas de las razones que nos llevan a plantear reflexiones de índole política en las páginas de este Periódico religioso.
Porque, como decía Pablo VI y repitieron todos los pontífices desde entonces, la política es la expresión más alta de la caridad. Y hacen falta buenas políticas y buenos políticos para que las personas y los pueblos puedan desarrollarse integralmente, con justicia, paz y dignidad.
Desde este lugar es que nos arriesgamos a plantear reflexiones sobre la realidad argentina, aun conscientes de que algunos, con visiones distintas de la realidad, podrán disentir. Lo hemos hecho así desde que este periódico nació, hace ya más de 21 años, y con gestiones de distinto signo político y perfil ideológico. Lo que nos impulsa a la participación en el debate no es la ideología, sino, más bien, la realidad. Por eso es que hemos sido libres de señalar aciertos y errores en todas las gestiones de gobierno.
La metodología del “ver, juzgar y actuar” que señala la Doctrina Social de la Iglesia es una brújula que, bien usada, permite vislumbrar cuándo una política tiende o no al bien común. Esa metodología también es sabia en cuanto permite establecer matices, siempre recomendables a la hora de analizar políticas.
Como lo hicimos durante el menemismo, con la corta y dolorosa gestión de De la Rúa, la vertiginosa transición de Eduardo Duhalde y durante los 12 años del kirchnerismo, con señalamientos de aciertos y errores, también lo hacemos hoy, con Mauricio Macri en el poder.
Es un momento especial porque la gestión de la alianza Cambiemos ha obtenido un respaldo importante de los ciudadanos en las últimas elecciones legislativas.
La convocatoria que lanzó el Presidente con el objetivo de establecer reformas que hagan de la Argentina un país más serio, más justo, sin la pobreza estructural que padecemos fue, en las palabras, casi impecable. ¿Quién no quiere una Argentina sin pobres, con pleno empleo, con justicia, con estabilidad económica y paz interior y exterior?
El tema es cómo lograr esos objetivos. Durante 12 años tuvimos y padecimos un “relato” que nos hablaba de solidaridad y de progreso para todos cuando, en la realidad, los que progresaron económicamente terminaron siendo unos pocos, la mayoría de las veces merced a los negocios poco claros propuestos o tolerados por o desde el Estado.
El riesgo actual –permítaseme un juego de palabras- es que la necesidad de cambio que avaló a Cambiemos, sea usada para cambios que pueden terminar perjudicando a los mismos perjudicados de siempre.
Hablo, concretamente, del proyecto que impulsa el Gobierno para reformar el sistema previsional o jubilatorio nacional. Es cierto que, como está hoy, es muy deficitario y que necesita modificaciones. Pero también es cierto que esas modificaciones no deben perjudicar a la mayoría de los jubilados y pensionados nacionales que cobran la mínima, apenas 7.246 pesos, que no llegan a cubrir ni la mitad de la canasta básica superior a los 15 mil pesos.
Señalaron algunos que la reforma que impulsa el Gobierno permitirá un ahorro de 100 mil millones de pesos al Estado. Pero si el mecanismo elegido es modificar el sistema de cálculo para que los jubilados perciban aumentos menores de los que podrían percibir (se calcula que el año que viene la actualización anual sería del 20 por ciento con el sistema actual, y del 13 al 15 por ciento con el sistema que propone el Gobierno sobre la base de la inflación) será un ahorro a costa de las necesidades de los que menos cobran.
En este sentido es que nos permitimos tomar aquella frase que el jurista, periodista y funcionario uruguayo-argentino Mariano Varela usó al final de la Guerra de la Triple Alianza para impedir que el “victorioso” Brasil le impusiera gravosos e injustos perjuicios al “derrotado” Paraguay.
Hay muchas razones para encarar reformas necesarias, pero la victoria que obtuvo el actual Gobierno nacional en las últimas elecciones no le da derecho para reducir o menoscabar derechos de un sector, como el de los jubilados nacionales, cuya mayoría percibe haberes de hambre ■

Javier Cámara
DIRECTOR
Periódico Encuentro

Cantidad de Artículos : 575

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