El caso Grassi

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El caso Grassi

El caso del sacerdote Julio César Grassi es y será como una piedra en el zapato que la Iglesia argentina llevará siempre en su peregrinar. Han ocurrido otras cosas escandalosas que han involucrado a católicos, pero lo de Grassi es y será siempre muy doloroso.
Grassi se hizo “famoso” hace casi dos décadas por su decisiva participación en la fundación Felices Los Niños, una obra que llegó a albergar a más de 6 mil chicos pobres de Buenos Aires.
La exposición mediática (a veces necesaria por ser la cara visible de una institución) se convirtió en fama, y la fama le otorgó relaciones de y con el poder político y económico. En ese contexto surgió el escándalo que abrió una causa judicial que lo puso en prisión, condenado a 15 años de cárcel por abuso.
El 21 de marzo pasado, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ratificó esa condena sin apelación posible.
El caso generó un escándalo en todo el país y, como suele ocurrir con los escándalos, sembró mal por todos lados. En las víctimas, en el victimario, en su obra y en la Iglesia. Mucha gente, empujada por algunas informaciones de los medios de comunicación, le están reclamando a la Iglesia y, en particular, al papa Francisco, por supuestas “interferencias” en la causa que determinó la responsabilidad penal de Grassi.
Hagamos un repaso por los hechos. El caso comenzó el 23 de octubre de 2002 con la difusión del informe “Con los chicos, no”, en el programa “Telenoche Investiga” del Canal 13. Allí se presentaron las primeras denuncias contra el sacerdote que ya venía con problemas por la gestión de la Fundación. Entre esos chicos estaba “Gabriel”, nombre ficticio del principal acusador de Grassi. El sacerdote siempre se declaró inocente, incluso ahora, con la condena ratificada. Y muchos de los que lo conocían respaldaron esa declaración y argumentaron que la causa fue armada por quienes lo querían alejar de la conducción de la ONG. De los siete originales acusadores del sacerdote, que aparecieron en el programa de TV, cuatro nunca ratificaron sus dichos ante la Justicia. Los tres restantes sí lo hicieron y sumaron 17 cargos de agresión sexual. Pero, finalmente, Grassi fue hallado culpable sólo de tres hechos contra “Gabriel”. Y fue absuelto de los otros 14 hechos que habían manifestado otros dos jóvenes.
El caso sacudió a la diócesis de Morón, pero, como lo determina el derecho canónico, el obispo de entonces recopiló información y la envió a la Congregación para la Doctrina de la Fe, la sección del Vaticano encargada de llevar adelante estos procesos. Por entonces, el pontífice era Benedicto XVI y Bergoglio era el arzobispo de Buenos Aires, a quien ahora, algunos medios de comunicación le atribuyen haber intentado interferir en la causa. Si bien es cierto que la Conferencia Episcopal Argentina ordenó una investigación particular del caso, y un abogado escribió un largo informe que dio cuenta de una “operación” en contra de Grassi, también es cierto que la causa judicial siguió y llegó a condena.
Días atrás un medio francés emitió un programa sobre la pedofilia en la Iglesia y envió a una periodista a preguntarle al Papa, en un español poco entendible, en la plaza San Pedro, si la Iglesia había interferido en la causa Grassi. En el video se lo ve al Papa tratando de entender la pregunta y respondiendo “para nada”.
¿Qué demuestran los hechos? ¿Podría haber interferido en este tema? Podría haberlo hecho. Pero él lo niega y los hechos le dan la razón. El 2 de septiembre de 2013, Francisco recibió durante una audiencia a Héctor Negri, presidente de la Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. 17 días después de esa reunión, ese tribunal confirmó la sentencia Rojas contra Grassi. Lo mismo pasó recientemente, cuando Bergoglio saludó en el Vaticano a Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema de la Nación. Pocas semanas después, ese tribunal, con la firma del propio Lorenzetti, confirmó la sentencia a Grassi. Los hechos son dolorosos, pero claros. Hoy Grassi está condenado a 15 años de prisión por abusar de un joven, y sólo queda que el Vaticano se expida sobre la causa canónica, decisión que no se tomó antes justamente para no interferir en la causa penal. ■

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