Un tiempo para contemplar el misterio de la Encarnación

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Un tiempo para contemplar  el misterio de la Encarnación

Llega diciembre y la Iglesia se prepara para celebrar una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico: el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. En su misión de anunciar la Buena Nueva le dedica un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el misterio de la Encarnación, que devino en salvación y redención de la humanidad toda. Así, en su papel de madre y maestra, anima a todos los fieles a vivir este tiempo de un modo especial, pues la Navidad es esa presencia renovadora de Cristo que viene a salvar al mundo. 

Para muchos representa un dilema, “dónde pasaremos las fiestas”, que a veces se convierte en un motivo de discusión. Están aquellos para quienes este tiempo les recuerda a un ser querido que ya no está y, entonces, lo viven con tristeza y añoranza. Otros apenas si reparan en lo que significa esta fecha y la asocian a las reuniones sociales y a eventos que están lejos de celebrar el nacimiento del Hijo de Dios. Para muchas personas la Navidad se funde con el Año Nuevo, conformando así el combo de “fiestas de fin de año” y poco reparan en el sentido de este tiempo, que va más allá de “hacer el balance anual”.
Desde siempre la Iglesia ha insistido en que la Navidad consiste en contemplar y agradecer el misterio de la Encarnación; este Dios que asume la naturaleza humana en su fragilidad para elevar su condición y redimirla. Y si bien, según los datos y estimaciones históricas, Jesús no habría nacido un 25 de diciembre, la fecha adquiere un sentido más que simbólico, ya que remite a la victoria de la luz sobre las tinieblas. Para los cristianos, la victoria de la Vida.
Quizá muchos de nosotros, hace años que vivimos una Navidad que se limita a la celebraciones eucarísticas, a armar el árbol de Navidad y a intentar conciliar las reuniones familiares. Este Dios hecho hombre no puede ni quiere ser “solo un día” en nuestras vidas. Nos moviliza, nos cuestiona y nos anima a salir de la comodidad; por esa razón aportamos, a continuación, algunas sugerencias para que este año tengas la oportunidad de vivir una Navidad diferente:

1. Prepararse para la llegada del Niño

Para algunas familias es costumbre armar el pesebre, varios días e incluso semanas antes de Nochebuena. Algunos tienen el detalle de no poner a Jesús en el pesebre hasta la medianoche del 24 de diciembre para poner en evidencia que el nacimiento ocurre recién el día 25 de diciembre. Es una buena idea hacer participar a los niños de la casa y, por cada hora que pasa, ir acercado la figura de Jesús cada vez más, para que a la medianoche, sea el Niño Jesús el protagonista y no los regalos que están a los pies del árbol.

2. Adoración al Niño Dios
Nuestra sociedad se ha acostumbrado que sea “Papá Noel” quien llega en la medianoche del 24 a dejar regalos (sobre todo a los niños). Esta costumbre relega la figura del Niño Dios que, con su nacimiento, trae el mayor de los regalos: la redención de todos. Es así que, cuando se anuncia la medianoche, todos se apresuran a abrir los obsequios y, obviamente, nadie mira al pesebre. Esta Navidad es una buena oportunidad para hacer una catequesis en este sentido e insistir en que a la medianoche -cuando Jesús llega al mundo- no ocupe el centro de la fiesta el intercambio de regalos, sino el nacimiento. Preparar una oración o cantar en familia un villancico es otra forma de darle a Jesús el espacio que se merece en esta celebración.

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3. Invitar a alguien que esté solo
Para muchas personas, estos tiempos de fiesta y celebración familiar son amargos porque están solos o perdieron algún ser querido. Quizá en nuestro barrio conocemos a alguien que esta Navidad no experimentará el amor fraterno, la comunión y la mesa compartida. Aunque muchas veces el temor nos limite por diferentes razones, es conveniente animarse a abrir las puertas de nuestra casa al prójimo. Invitar a quien está solo es un bello gesto de caridad, característico de los discípulos de Jesús.

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4. Escuchar a los mayores y compartir con ellos
No pocas familias viven la experiencia de tener a algún integrante mayor entre sus integrantes; y algunos están internados en geriátricos por distintos motivos. La Navidad es un tiempo especial para compartir con ellos que necesitan, en su vejez, la cercanía de la familia. Hay quienes opinan que es aburrido escuchar a las personas mayores, pues repiten las mismas historias de siempre o porque las cosas que les ocurrían no son tan emocionantes para nosotros como para ellos. Preguntarles cómo celebraban la Navidad en sus tiempos, qué regalos marcaron su infancia, qué tradiciones ellos vivían y ya se han perdido constituye un lindo gesto de Nochebuena, que nos permite descubrir qué profundo ha calado la celebración del nacimiento de Jesús en las generaciones pasadas y cuánta alegría les brinda a ellos saberse escuchados, amados, tenidos en cuenta.

5. Cocinar juntos

Hay hogares en donde la mesa es el centro de todas las fiestas, por lo que mamá y papá (los abuelos y las abuelas también) ponen especial cuidado en la preparación de los alimentos, la elección de los ingredientes y que todo esté prolijamente puesto sobre la mesa. No está mal querer compartir una rica comida en Nochebuena, pero en este aspecto los más pequeños, incluso los jóvenes, quedan marginados. ¿Y si los sumamos a la preparación de la mesa? De esta forma, se van integrando en la tradición familiar.

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6. Preparar una oración especial para bendecir la mesa
Para que la cena de Navidad tenga un toque verdaderamente cristiano: preparar una oración de agradecimiento y de petición, pronunciar en voz alta un breve texto bíblico o piadoso, reflexionar a partir de la frase de un santo puede disponernos a vivir el encuentro familiar de una manera especial y diferente.

7. Preparar un regalo especial

Como familia podemos tener un presente extra, de manera tal que junto a los más pequeños lo preparemos y lo regalemos a alguien que sabemos puede estar pasando una situación económica difícil. Enseñar a regalar es un gran consejo para los más pequeños y para los jóvenes.

8. Contar histozrias navideñas

En las sobremesas, los temas que nos reúnen y que, no pocas veces despiertan acalorados debates, suelen relacionarse con la política, el deporte, las diferentes opiniones. Quizá es una buena oportunidad para introducir, sobre todo en los más pequeños, historias de santos. Por ejemplo, se puede recordar la historia de san Nicolás, (que poco tiene que ver con la imagen comercial de Papá Noel) o la de san Francisco y el primer pesebre, entre otras.

9. Ver una buena película
Cuando la Navidad reúne a la familia, ver una película suele ser una opción, pasada la medianoche, para que los más pequeños se tranquilicen y se duerman. Pero ¿y si tenemos a mano una buena película que contenga valores y una historia con enseñanzas a fin de que grandes y chicos podamos compartir esa experiencia y luego intercambiar reflexiones? No solo para el 24, también para el 25 de diciembre es una propuesta original.

10.    Participar de la misa de Nochebuena
Muchas veces el trabajo no permite hacer los preparativos para la cena familiar con tiempo, por lo que no siempre se puede participar de la Santa Misa y, luego, continuar con las actividades sociales. En diversas regiones del mundo, se mantiene la tradición de celebrar la misa de medianoche, también conocida como “Misa de Gallo”. En la mayoría de nuestras comunidades, se organiza el horario de esta celebración de manera tal que los fieles puedan, posteriormente, cumplir con sus compromisos familiares o sociales. Entonces, asistir a la misa de Nochebuena es una excelente oportunidad para disponerse a vivir la alegría del nacimiento de Dios.

Fuente: Aica y www.catholic-link.com ■

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