Nuestras debilidades y resentimientos

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Nuestras debilidades y resentimientos

Existir está siempre ligado a otro y nuestra manera de ser está marcada por las experiencias de amor y ternura o de ambivalencia, rechazo o abandono que podamos haber vivenciado.

En vísperas de Navidad sería oportuno poder revisar en nuestro interior aquellos aspectos que nos impiden vivir más de lleno nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos. Las relaciones interpersonales están teñidas de complejidad, cargadas de un sinfín de emociones, sentimientos y pasiones.
Desde el nacimiento, estamos atravesados por el pecado y necesitamos de la gracia del bautismo para redimirnos. Así, desde lo constitutivo, nuestra mente lucha constantemente contra las pulsiones de muerte y destrucción que habitan en nosotros. Existir está siempre ligado a otro y nuestra manera de ser está marcada por las experiencias de amor y ternura o de ambivalencia, rechazo o abandono que podamos haber vivenciado.
En nuestro itinerario de crecer, nos enfrentamos con gran variedad de situaciones y sentimientos que van de un extremo a otro, a veces desde la euforia, alegría y felicidad hasta la tristeza, decepción, soledad y melancolía más profunda.
De esta manera, casi sin darnos cuenta, muchas veces se convierte en compañero de ruta el resentimiento, con el agravante de que éste contamina nuestra manera de sentir, pensar y actuar, convirtiéndonos en personas con sombras y sin paz interior. Además, nuestro sistema inmune se resiente en la medida que sentimos y pensamos negativamente.
Ya hemos mencionado en otras oportunidades cómo el enojo favorece la hipertensión arterial, los dolores de cabeza, la indigestión, la tensión muscular y otras enfermedades.
Entonces… la ciencia redescubre el perdón, ya conocido por los cristianos a través del Señor… este acto tan difícil nos devuelve la integridad, la paz en nuestra mente y en nuestro espíritu.
Los investigadores plantean que las personas que perdonan se liberan para vivir en plenitud. El beneficio es físico y emocional, ya que eliminamos los sentimientos negativos que perjudican nuestra salud, restaurando la confianza en los demás y fortaleciendo nuestras relaciones.
Pero cómo hacerlo, por dónde empezar… Es conveniente reconocer que lo primero que planteamos desde este espacio de reflexión es  nuestro desafío principal, la pulseada entre lo bueno y lo malo que emana en nosotros, ese es el puntapié inicial: animarnos a ver las propias fortalezas y debilidades, nuestras luces y sombras posibilitará la mirada en clave de amor al otro, logrando así aceptar, tolerar y perdonar a quienes nos hayan desilusionado o dañado.
Pidamos, que con el Nacimiento de Jesús nuestros sentimientos se renueven y desterremos cualquier sentimiento negativo que nos separa de Él y de nuestros hermanos. ■

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