Misa en los hogares, experiencias que fortalecen la fe en clave comunitaria

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Misa en los hogares, experiencias que fortalecen la fe en clave comunitaria

“Es importante que la salida siga una clara propuesta de fe: se trata de abrir las puertas y dejar que Jesús salga afuera con toda la alegría de su mensaje”, afirmó el papa Francisco en el marco de las intenciones de septiembre pasado dedicado a las parroquias. En Córdoba, un ejemplo de este “dejar que Jesús salga afuera” se plasma en la celebración de la misa en ámbitos que van más allá del templo.

El anuncio del cura al término de la celebración eucarística del domingo dejó a más de uno sorprendido: “El día miércoles celebraremos la eucaristía en la casa de…”. ¿Misa en un hogar de la parroquia? Así es. Desde hace un tiempo se escucha y se conoce que en diferentes comunidades de la arquidiócesis se celebra la misa en los hogares. Es esta una iniciativa de muchos sacerdotes que evoca el pasaje de Hechos de los Apóstoles cuando aún no existían templos ni lugares de culto público. El texto refiere a la práctica de los primeros cristianos que, reunidos escuchaban la Palabra, partían el pan en sus casas y comían juntos con alegría y sencillez de corazón (Hechos 2, 46).

Una perspectiva pastoral
En la Iglesia de Córdoba, esta iniciativa responde a diferentes motivos; pero se aferra a una noble intención: llevar a Cristo a todos, proclamando el Evangelio y compartiendo su Cuerpo y Sangre. Respetando las formas litúrgicas, los tiempos y, sobre todo, contando con la debida autorización, la realización de las misas en los hogares y en espacios que van más allá del templo se explican y entienden desde una perspectiva pastoral.
Para el padre Pablo Nassif, párroco de Nuestra Señora de Lourdes y Santo Cura de Ars, esto también se justifica en la vida de las diferentes comunidades: “Hay una rica historia en esto de celebrar las misas en las casas. En algunas (comunidades) lo hacen de manera habitual. Eso puede deberse a múltiples situaciones, como por ejemplo que en los inicios no se contara con un templo, o no hubiera capilla. Otras lo hacen de manera más eventual en torno a Navidad, a las fiestas patronales, o en torno a alguna celebración particular”.
Por su parte, el padre Román Balossino, a cargo de las comunidades de Salsipuedes y Río Ceballos, reconoce que estas son prácticas que llevan ya unos cuantos años en la zona. Las parroquias están organizadas por comunidades y por lo tanto, mensualmente, se celebra misa en éstas.
Sobre el sentido y la experiencia, aseguró: “Es una muy buena manera de acercar la iglesia a las casas, teniendo en cuenta que lo pastoral en las parroquias tiene que ver directamente con ese ser vecino. Mucha gente se acerca a estas celebraciones al tiempo que comparte con otros. Preparan juntos la misa y esto hace que entonces todo se haga más cercano, más cotidiano, más próximo a la vida familiar. Del mismo modo para la familia dueña de casa en donde se celebra la misa también es todo un acontecimiento. Sabe que allí va a suceder algo especial. Para eso se prepara y busca la manera de invitar a los familiares y vecinos. Es todo un acontecimiento. De esta manera se vitalizan las comunidades.”

Iglesia en salida
La parroquia Santa Inés es otra de las tantas comunidades que se suman a esta iniciativa. Su sacerdote, el padre Marco Bustos, coincide en esto de la mirada pastoral como motor que anima la celebración eucarística en otros ámbitos: “Entre semana las celebraciones en el templo congregan poquitos fieles. Si hay algún difunto o intención especial puede congregar un poco más. Pero cuando salís y vas a celebrar misa en un hogar, el dueño de casa se moviliza, llama a otros (familiares y vecinos) que habitualmente no viene a la misa en el templo”.
El padre Marco remarca que se guarda la liturgia con respeto y decoro: “No se hace nada en contra de la normativa en cuanto a la celebración de la Eucaristía. En nuestra comunidad sucede que gente que viene normalmente en la semana al templo, también participan y acompañan, si la misa se celebra en una casa”.
Las celebraciones eucarísticas en otros ámbitos pueden resultar una consecuencia de la idea de Iglesia “en salida” y “hacia las periferias”, que plantea el papa Francisco; sin embargo, estas prácticas se realizan desde hace mucho antes de esta afirmación tal como lo hiciera, por ejemplo, el padre Julio Aguirre en la parroquia Nuestra Señora de los Dolores de barrio Marqués de Sobremonte (actualmente el padre Daniel Tejeda, las sigue realizando). Y este es un caso entre tantos.

Senda del camino pastoral
Para el sacerdote Pablo Nassif estas experiencias están en sintonía con el camino pastoral que la Iglesia de Córdoba viene transitando: “En este camino, la misa en los hogares están en la misma propuesta que nos ofrece el papa Francisco y antes, el papa Juan Pablo II: la salida y la misión. Son experiencias más de entre casa que nos invitan a compartir la fe, sabiendo que la caminamos juntos y que es un camino en comunidad.”
En relación con este punto aclara que el obispo de Córdoba, junto a los auxiliares están al corriente de estas iniciativas. No se reniega de las normas litúrgicas, entre ellas, la de los lugares y modos de celebración eucarística. El templo como lugar y manifestación del culto es irremplazable, pero el padre Pablo sostiene que “el obispo respeta y alienta la misa en otros ámbitos si esto está pensado desde una inserción, desde un estar cerca, desde un acompañar, desde una realidad que se quiere asumir”.

Fe comunitaria
El padre Román relata las diferentes experiencias que viven los vecinos de su comunidad parroquial al momento de organizar y preparar lo necesario para la celebración de la misa algún hogar. Y dice que estas prácticas, también resultan muy fecundas para los curas: “Para los sacerdotes también es una hermosa oportunidad de llegar a la sencillez y humildad de cada casa. Uno puede apreciar cómo vive la gente su fe de manera sencilla y simple, qué cosas nutren la vida y cómo eso se contagia. Uno puede participar también de esa misma vivencia de fe”.
Por su parte, el padre Pablo aclara que celebrar la misa en la casa no habla de que hay una familia y nadie más: “Están los vecinos y hay gente que se suma. Se trata de abrir puertas, algo que nos cuesta mucho y por allí se hace dificultoso, sobre todo por el tema de la inseguridad y otras cuestiones. Pero creo que es un gran signo profético. En casas tan cerradas, hoy el Evangelio y la Eucaristía nos invita abrir, a sacar candados, derribar muros para acercarnos y encontrarnos, en la sencillez y en la genuina liturgia, viviendo la fe en clave comunitaria”, finaliza. ■

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