Testimonio. La joven mamá que venció tres veces a la muerte

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Testimonio. La joven mamá que venció tres veces a la muerte

Chiara Corbella ofrendó su vida por salvar la de su hijo

Esta chica italiana se casó en 2008. Con su marido, afrontó dos embarazos a pesar de que los médicos les aconsejaron abortar.
Tuvieron a sus hijitos, los bautizaron y ambos fallecieron horas después de haber nacido. Durante su tercer embarazo, a Chiara le diagnosticaron cáncer. Postergó la quimioterapia para no afectar a su hijo Francisco quien nació en perfecto estado. En junio pasado, Chiara falleció, pero su testimonio de amor trasciende la muerte.

“No quiero morir por Francisco, quiero dar mi vida a Francisco”. La historia de la joven italiana Chiara Corbella impacta. El pasado sábado 16 de junio más de mil personas abarrotaron la parroquia de Santa Francisca Romana para darle su último adiós. Guitarras, violines y un coro enorme quisieron poner un toque de alegría -aunque resulte paradójico- al funeral de esta chica de 28 años que antepuso la vida de su hijo a la suya. Una ceremonia/despedida que duró dos horas y media y que se convirtió en una auténtica fiesta. ¿Había algo para festejar? Sí. La vida de Chiara y su testimonio de amor que venció varias veces a la muerte. Chiara conoció a Enrico en una peregrinación a Medjujorge, y con él se casó pocos años después, en 2008. Juntos compartieron la fe y su pasión por la música en el coro parroquial. Pronto supieron que esperaban una hija, María. El embarazo se complicó y el médico les dijo que su pequeña vendría al mundo con problemas de salud. Pese a ello, el aborto no pasó en ningún momento por sus mentes.
“El momento en que la vi fue inolvidable. Allí entendí que estábamos unidas en la vida aunque no pensaba en el hecho de que ella estaría poco con nosotros. Ella estaba unida a mí por la vida, porque era mi hija”, dijo la joven mamá tras dar a luz a María, quien fue bautizada y murió 30 minutos después del parto. Chiara y Enrico estaban convencidos de que la vida y la muerte no dependen de una persona, sino de Dios. “Aquella media hora no me pareció poco. Fue una media hora inolvidable. Si hubiese abortado, pienso que no podría recordar el día del aborto como una fiesta, un momento en el cual me hubiera liberado de alguna cosa. Pienso que habría sido algo que se quiere olvidar, un gran sufrimiento. El día del nacimiento de María, en cambio, podré recordarlo siempre como uno de los momentos mas bellos de mi vida”, explicó Chiara en una conferencia cuyo video en (www.youtube.com/watch?v=9O bBL6moedY) ya han visto más de cien mil personas.

Ironizar sobre la muerte

Tras la pérdida de María, sus padres querían tener otro hijo. Chiara quedó embarazada y, a los pocos meses, los médicos le dijeron que su hijo David nacería con gravísimas malformaciones. No se plantearon abortar y el pequeño vino al mundo. Fue bautizado antes de que se apagase su pequeño corazón a los pocos minutos de nacer. Enrico y Chiara eran un matrimonio totalmente abierto a la vida y en 2010 ella quedó embarazada por tercera vez. En esta ocasión de Francisco. Las ecografías mostraban que, a diferencia de sus dos hermanos, el bebé venía con una salud de hierro. Cuando la gestación llevaba cinco meses, a Chiara le diagnosticaron cáncer de lengua. Sin embargo, la serenidad del matrimonio sorprendió a todos. Sabían que era vital para la madre someterse a las sesiones de quimioterapia y radioterapia para salvar su vida. Pero ¿qué sucedería con el pequeño Francisco? Su madre lo tuvo claro. Retrasó su tratamiento hasta que naciese su hijo para que las radiaciones no le afectasen. “No quiero morir por Francisco, quiero dar mi vida a Francisco”, explicó Chiara. El pequeño vino al mundo el 30 de mayo de 2011. Doce meses después, su madre le escribió una carta por su primer cumpleaños: “Voy al Cielo para ocuparme de María y David, tú quédate aquí con papá. Yo desde allí rezaré por ustedes. Eres especial y tienes una gran misión. El Señor te ha elegido y yo te mostraré el camino a seguir si abres tu corazón. Confía en mí, vale la pena. Mamá”. También le escribió a su marido para pedirle que no estuviese triste, ya que “ahora voy allí y puedo cuidar de María y David. Tú quédate aquí y cuida bien de Francisco”. Francisquito nació totalmente sano gracias a la entrega de su madre, quien inició la quimioterapia con cuatro meses de retraso. Eso la debilitó mucho e hizo que perdiese la vista de su ojo derecho. Pero siempre tuvo presente que lo había hecho por amor y eso le daba felicidad en medio del dolor físico. Una felicidad que siempre mostraba con una sonrisa de oreja a oreja y con un brillo especial en su mirada. A veces, incluso, se sentía con fuerzas para bromear e ironizar sobre su muerte. Pese a su debilidad, Chiara nunca perdió la fe. Quiso viajar con su marido y su hijo a Medjugorje. Les acompañaron parejas jóvenes y muchos niños. Fue un gran esfuerzo para ella, pero lo quiso hacer para ayudar a otros a aceptar el dolor y para ofrecer su sufrimiento a los pies de la Virgen.

¿Es suave esta cruz?

Chiara murió rodeada de amigos y familiares el miércoles 13 de junio. Su último mensajito por celular se lo envió al sacerdote de su parroquia: “Estamos con las linternas encendidas, esperamos al Esposo”.
Durante la enfermedad de su mujer, Enrico reflexionó mucho sobre el pasaje del Evangelio de san Mateo en el que Jesús dice: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados (…) porque mi yugo es suave y mi carga, liviana”. Horas antes de morir, Enrico preguntó a su mujer: “Chiara, mi amor, ¿es esta cruz realmente suave como dice el Señor?

Ella me miró, me sonrió y con un pequeño hilo de voz me dijo: ‘Sí, Enrico, es muy suave’. Por lo tanto, no hemos visto a Chiara morir serena, la hemos visto morir feliz”, declaró Enrico entrevistado en Radio Vaticana.
Tras la muerte de Chiara, su marido dijo: “El hecho de haberla visto morir feliz para mí ha sido una victoria sobre la muerte. A mí me daba mucho miedo pensar -después de las experiencias de mis hijos, de David y María- en ver morir también a mi hijo Francisco. Hoy sé que hay algo hermosísimo más allá, que nos espera”. Fray Vito, un joven sacerdote franciscano de Asís que asistió espiritualmente a esta joven madre coraje y a su familia en los últimos momentos, dijo que “la muerte de Chiara ha sido el cumplimiento de una plegaria. Después de que le declararon ‘enferma terminal’, Chiara pidió un milagro. No la curación, sino hacer vivir en paz estos momentos de enfermedad y sufrimiento a ella y a las personas más cercanas”. Y agregó un pensamiento de Chiara de estar pendientes de las cosas simples y de los pequeños detalles. “Nosotros no podemos transformar el agua en vino, pero sí empezar a llenar las tinajas”.

“Siempre hay una gracia más grande del Señor”

Enrico Petrillo, el marido de Chiara Corbella, dijo durante una entrevista de Radio Vaticana: “Vivir con mi mujer ha sido precioso. Hemos tenido una vida  verdaderamente plena. No sé bien cómo definirla. Incluso a través de la vida de nuestros hijos hemos descubierto que la vida, 30 minutos o cien años, no es muy diferente. Y siempre ha sido maravilloso descubrir este amor más grande cada vez que afrontábamos un problema, un drama. En la fe veíamos que detrás de esto se escondía una gracia más grande del Señor. Y por tanto, nos enamorábamos cada vez más de nosotros y de Jesús. Este amor no nos había desilusionado nunca, y por eso, cada vez, no perdíamos tiempo, aunque todos nos decían ‘esperen, no tengan prisa de tener otro hijo’; nosotros decíamos: ‘Pero, ¿por qué tenemos que esperar?’ Así, hemos vivido este amor más fuerte que la muerte. La gracia que nos ha dado el Señor ha sido la de no haber puesto dificultades, barreras, a su gracia. Hemos dicho este ‘sí’, nos hemos aferrado a él con todas nuestras fuerzas, porque lo que nos pedía era sin duda más grande que nosotros. Y por eso, teniendo esa conciencia, sabíamos que solos no lo hubiéramos podido conseguir, pero con él sí. Tuvimos un noviazgo normal, peleábamos un poco, como todos los novios. Pero en un momento, cuando decidimos hacer las cosas seriamente, todo cambió. Hemos descubierto que lo único extraordinario es la vida misma. Dice el Señor: “A cuantos le han acogido les ha dado el poder de llegar a ser hijos de Dios”. Clara y yo hemos deseado profundamente esto: llegar a ser hijos de Dios. Somos nosotros los que debemos elegir si esta vida es una casualidad o si en cambio existe un Padre que nos ha creado y nos ama. Clara desde pequeña fue educada por unos buenos padres en el cristianismo, en el encuentro con Jesús, y pronto ha manifestado una sensibilidad y una docilidad al Espíritu muy especial, nutriendo también desde pequeña una relación muy especial con la Virgen María. Y si amas a la Virgen y a Jesús ¿cómo no amar la vida?”

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